29 diciembre, 2006

Leandra, sesenta años en soledad

Una anciana de 87 años vive sola desde su juventud en un caserío de Caso, a mil metros de altitud, con tres perros y cincuenta gatos

A la sombra de la peña La Campa, en el concejo de Caso, Leandra García Corral lleva más de sesenta de sus 87 años viviendo en soledad. En el caserío de La Llana, Leandra vive únicamente acompañada de sus tres perros y cincuenta gatos. La anciana es la penúltima de once hermanos y asegura estar satisfecha de su vida: «Me acostumbré y me siento feliz en mi ambiente. Tengo por compañía a tres perros, varios gatos, las gallinas, vacas, un cerdo y un xatu. Con tanto animal no tengo tiempo de aburrirme, dan mucho trabajo y la jornada resulta bastante intensa».

Lo más llamativo de esta mujer es su fuerza vital y la lucidez mental que atesora. Es conversadora amena y cuando recibe una visita lo deja todo para entregarse a parlamentar. Tiene mucho que contar pero no le gusta el pasado. «Sufrí mucho de joven. Eran tiempos difíciles. En la posguerra por aquí pasaban los del monte y la brigadilla. Yo siempre les ayudé en lo que pude. Me encontré entre dos fuegos. A los maquis, que eran conocidos, siempre les ofrecía comida y a veces refugio. Un día alguien me denunció y estuve presa en las cárceles de Pola de Laviana y Oviedo. En total, nueve meses de penurias y problemas por actuar de manera solidaria. El pasado quiero borrarlo de mi mente».

Leandra sale pocas veces de su reino. A veces, tres de sus sobrinos acuden a echarle una mano y cada semana le llevan los artículos de primera necesidad. Ascender a ese caserío es ahora más llevadero gracias a una pista hormigonada. Antes, el intrincado camino de este lugar del parque de Redes resultaba mucho más complicado y no quedaba más remedio que subir a pie.

El caserío de La Llana es un lugar de paso de ganaderos y montañeros. Está bien situado al cobijo del pico La Campa y envuelto por praderías en medio de una naturaleza bravía y atrayente. Junto a la hacienda se encuentra una capilla que llama la atención. Leandra siempre lo cuenta: «La ermita la construyó mi padre después de la guerra. Mi hermano Abraham había desaparecido y ya lo daban por muerto. Tras año y medio alejado de nosotros, regresó a casa como un hijo pródigo. Mi padre, emocionado, cumplió con su promesa y levantó esta capilla en honor de San Miguel, que es como se llamaba mi progenitor. A partir de entonces, todos los 29 de septiembre, festividad de San Miguel, se celebra aquí una romería popular a la que acuden muchos romeros de todo el concejo de Caso. Precisamente, hace unos meses estuvo por aquí a bendecir la capilla el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro».
Leandra sigue con sus animales. Hace frío y se dispone a recoger leña para mantener el fuego de su casa. Es la hora de comer y toca berzas con fabas y patatas y de postre, unos borrachines caseros.

lne.es

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