27 agosto, 2016

Acto en recuerdo al luchador Facerias y la guerrilla anarquista

Martes 30 de agosto a partir de las 19h en la Plaza de las Madres de Mayo, Barcelona (Metro L4 Llucmajor, Bus 11, 32, 50, 51)

Ofrenda floral, parlamentos, poesía con Bio-lentxs, actuaciones de Les Carpantes, proyección de "Mort d’un anarquista. Facerias, vides marcades"


02 agosto, 2016

1ª trobada-homenatge als maquis

El próximo domingo día 7 de Agosto la UGEL invita a asistir al primer encuentro con motivo del aniversario de la muerte del militante anarquista Ramon Vila Capdevila, más conocido como 'Caracremada'.

A las 9h en Castellnou de Bages para hacer una caminata ligera hasta la masía de la Creu de Perelló, donde cayó muerto por una emboscada de la Guardia Civil. Se realizará una ofrenda floral y se almorzará algo para volver a bajar a Castellnou, donde se visitará el museo de los maquis (3 euros) realizando una visita guiada por el casco histórico del pueblo y el cementerio donde se conserva la tumba del guerrillero.





02 julio, 2016

1946, los maquis en Colmenar de Montemayor



Un episodio del que apenas se habló en muchos años porque suscitaba recelos y malos recuerdos en la población, fue la llegada de una partida de maquis a Colmenar. El resumen de la narración está basado en unas notas inéditas del hijo del secretario del Ayuntamiento en aquella época,  que participó activamente en algunos episodios y fue testigo directo de los hechos.

En un día frío de mediados de enero de 1946, la tarde del 11 concretamente, un grupo de seis guerrilleros armados -maquis- entraron en el pueblo por el camino de las Nogales procedentes de las Hoyas y llegando a la Plaza  Mayor entraron en una de las primeras casas que se encontraron, -un palacete de finales del XVII-, ya que, según explicaron después,  dada la estampa señorial de la casa, intuyeron que allí vivía alguien con posibles y responsabilidades en el pueblo. Desde allí, a punta de pistola y con el propietario como rehén, se dirigieron a la del  jefe de falange, quedándose cuatro de ellos vigilando en la plaza del Solanillo.

Enteradas las autoridades locales, -el secretario, el alguacil y el juez-, de lo que estaba ocurriendo, se dirigieron a la casa donde tenían a los rehenes. El secretario solicitó a los que hacían guardia a la puerta que se identificaran, pero fue encañonado por uno de los guerrilleros que le arrebató la cartera y dirigiéndose a los demás gritó: “¡Tenemos al Secretario del Ayuntamiento!” obligándole a entrar en la casa.
  
En el interior, el que parecía ser el jefe, les explicó a los presentes  que eran “guerrilleros antifranquistas, los que conocéis como maquis” dijo “y no queremos hacer daño a nadie. Hemos llegado a este pueblo, desorientados y necesitados de alimentos y dinero y nuestra intención es obtenerlos y seguir el camino hacia el norte”. Exigieron bajo amenaza de muerte que le dieran el nombre de dos familias acomodadas del pueblo para recoger los  alimentos que necesitaban. Salieron todos, rehenes y maquis, hacia los domicilios indicados, pero antes de llegar pasaron por estanco y se apropiaron de varios paquetes de tabaco, librillos, cerillas y varias botellas de coñac. Una vez llegaron a las casas indicadas, exigieron la entrega de alimentos y cargaron varios sacos con productos de la matanza, quesos y otras viandas y  la entrega de treinta mil pesetas, llevándose a uno de los propietarios como rehén. El dinero exigido debía ser llevado a la tapia del cementerio viejo en una hora, bajo pena de ejecutar a los rehenes. A petición del jefe de falange, accedieron a dejar en libertad al Secretario para que reuniera el dinero, porque consideraron que era la persona idónea para tal fin.
  
En la Plaza Mayor se había reunido un pequeño grupo vecinos entre los que se hallaba el cura y el juez, a los que el secretario contó lo que pasaba. El cura, en su condición de alférez-capellán del Ejército durante la guerra, incitaba a los presentes para que se apostaran en las cercanías del lugar y desde allí abatirlos a tiros. El buen criterio del juez hizo que desistieran de tal acción, recriminándole al cura su actitud y diciéndole que en vez de calentar el ambiente se dedicara a rezar que era lo suyo, evitando con ello una posible masacre.

El Secretario se entrevistó con el depositario  del Ayuntamiento y de común acuerdo sacaron ocho mil pesetas de los fondos que éste último custodiaba. La esposa de uno de los secuestrados entregó trece mil  y entre el resto de vecinos, haciendo el cura de intermediario, juntaron las nueve mil restantes. 

Con las treinta mil pesetas reunidas, el secretario se acercó a las tapias del cementerio y se las entregó a los maquis que, una vez en su poder, dejaron en libertad a los detenidos y partieron por el camino de las Hoyas con rumbo desconocido. 

Como era su obligación, inmediatamente intentaron poner los hechos en conocimiento de las autoridades provinciales pero no lograron comunicarse porque, el único teléfono existente en el pueblo era el de la empresa que suministraba electricidad y, como era muy corriente, no funcionaba. Se acordó que una persona se acercara a Horcajo de Montemayor donde había otro teléfono de la misma empresa y a las dos de la madrugada lograron contactar con el puesto de la Guardia Civil de Ledrada, con la esperanza de que en poco tiempo llegaría  la fuerza pública. 

Como a las nueve de la mañana del día 12 no se tenían noticias, se desplazaron hasta Béjar el alcalde, el secretario, el Jefe de Falange y un concejal y desde allí, en taxi, viajaron hasta Salamanca para visitar al Gobernador Civil, que a la sazón era don Diego Salas Pombo, para informarle de lo sucedido. 

Los recibió con actitud distante y desconsiderada diciéndoles que ya tenía noticias de los hechos y que en los próximos días se desplazaría hasta Colmenar. 

El día 13 llegó al pueblo una camioneta con una docena de guardias civiles, un coche con un coronel, un capitán y un teniente de la benemérita y por la tarde  un coche con el Gobernador Civil y dos acompañantes. 

La noticia en LA GACETA

La autoridad provincial se indignó mucho con las autoridades locales, destituyendo en el momento a la mayoría de ellos y también con los vecinos a los que reunió en el portal de la Iglesia y tildó decobardes. Dicho lo cual el ínclito Poncio se marchó y dejó a todo un pueblo confundido, desamparado, agraviado y con la sensación amarga de no haber hecho lo que de ellos esperaba Su Excelencia el Señor Gobernador, que no era otra cosa que haber repelido bravamente la agresión de “los maquis”, a sabiendas de que muchos caerían muertos, heridos o lisiados para toda la vida. 

La noticia apenas tuvo eco en la prensa  local, tan sólo una reseña de la visita del Gobernador, sin mencionar los problemas que le habían llevado hasta allí y ni una palabra de la irrupción de los maquis en el pueblo.
  
Un capitán y dos números de la Guardia Civil tomaron declaración al jefe de Falange, a los otros dos secuestrados y al secretario. La conclusión final fue que pocos días después una pareja de la Guardia Civil de Ledrada, cumpliendo órdenes de la superioridad detuvo al secretario, al que se le acusó de“colaborador necesario”,  siendo encarcelado.
  
Un grupo de más de treinta vecinos, encabezado por el jefe de Falange, pero entre los que no se encontraba ni el cura ni ninguno de los vecinos considerados “de derechas de toda la vida” se desplazó a Salamanca para gestionar su liberación, avalando el buen comportamiento del secretario en los sucesos y consiguiendo su puesta en libertad después de veintiún días de cautiverio. 

Las gentes de Colmenar, durante varios años, tuvieron que cargar con el “sambenito” de cobardesy fueron objeto de burlas, chanzas y descalificaciones en los pueblos de la comarca, con chascarrillos como: “Si queréis comprar gallinas id a Colmenar” o “Eres de Colmenar, pues no se hable más: cua… cua… cua…cua”. 
Por todo esto y por la amargura que el suceso dejó entre los lugareños, en Colmenar se eludía contar el episodio, guardándolo en el lugar más recóndito de la memoria porque era mejor “no menearlo”.Hoy, transcurridos setenta años, lo sacamos a colación sin otra intención que  la meramente  informativa.

23 abril, 2016

Los guerrilleros trabajan

José Herrera Petere
Estampa 1944.

Es la estación de Torre y al medio día. La anterior es la de Brañuelas en los Montes de León, aquellas sierras adonde iban a cazar los maridos cornudos de los romances. La carretera, una carretera negra de humedad y de caucho desgastado pasa junto a la vía. Cerros hoscos, ni muy altos ni muy bajos se elevan a ambos lados; por abajo amarillentos, resecos; por arriba verdes perdidos en la niebla.
En una venta de la carretera y a una mesa de madera color de vino, dos hombres comen. Son los soldados del Tercio, pechera peluda descolada, gorro ladeado, la mirada insolente, cínicos y cansados; piden una botella de vino, unas judías y queso de la tierra. Además traen escondidas unas lonchas de jamón y mandan que se las frían. Su astucia y su carta de racionamiento les permiten esto y más.
Necesitan reponerse del largo viaje por tren desde Oviedo. Afuera, en la estación, un camión ya cargado, espera, cubierto con una lona.
Hace sol, mucho sol y la mujer del ventero se apresura a poner la ropa blanca a secar en las ventanas, en el terrado, hasta sobre el tejado de la casa. Brilla la ropa al sol.
Los dos del Tercio comen, piden más vino.
—El capitán de la guardia Civil de Ponferrada —dice uno de ellos— no sabe si venimos por tren o en camión.
—Es cierto —contesta el otro —pero este es el lado peligroso del asunto.
—No te preocupes, que yo me entiendo bien. El negocio merece la pena. Cincuenta fusiles, ponemos treinta. Es fácil cambiar el número. Veinte cajas de cartuchos, ponemos diez. Tengo un líquido especial. Luego que vayan a averiguar.
—Pero ¿y lo de llegar en camión y no por tren? ¿Qué pretexto puede inventarse para dejar un tren?
—Eso es difícil, pero el que no se arriesga no pasa la mar.
— Podemos decir que...
En este momento entra en la venta un hombre pequeño, de rostro colorado y ojos azules, diminutos y vivos. Va cubierto con una boina y lleva un amplio blusón a rayas atado a la cintura, pantalón negro de pana y botas fuertes y relucientes, de piel de becerro que contrastan con lo humilde de su vestidura. Pide una jarra de vino. Después se para frente a la puerta, cruzado de brazos, con una mano oculta en el blusón.
—Son cincuenta y veinte —dice como hablando consigo mismo.
—No, —contesta uno de los del Tercio sin mirarle —son veinte y diez.
—Cinco mil pesetas.
—Por menos de veinte mil no hay nada. Yo no me juego la vida por amor al arte. Además...
En este momento cruza por la carretera una pareja de la guardia Civil fusil al hombro, el charolado tricornio reluciente de sol. Los pasos firmes, graves, reposados. Miran de un lado a otro.
El hombre de la blusa, parado en la puerta no se mueve. Contempla el ciclo despejado algo velado por la niebla. Bebe sujetando en la mano izquierda su jarra de vino.
—Está bien, veinte mil pesetas. No vamos a discutir por eso, por tan poca cosa... Y ya sabéis...
—Diez mil ahora y diez mil luego.
—Cinco mil ahora, y ya sabes que el que nos engaña la paga antes o después. Son veinte fusiles y diez cartuchos. Aquí está el dinero. A eso de las nueve en la curva que da a Bembibre... ¡Ah pillos, tunos, termina sonriendo —vosotros pagáis el vino! ¡Agur cara-liebre.
A las nueve de la noche en la curva que da a Bembibre había una niebla espesa. El haz de los faros del camión que subía parecían dos largos tentáculos amarillos.
—¿Por qué no nos cargamos a estos marrajos y nos quedamos con lodo? — pregunta un hombre agazapado tras una carrasca.
—No. camarada —contesta otro—. Eso sería matar la gallina de los huevos de oro.
—¿Qué más quieres? —dice un tercero. —¡Te lo traen servido a casa y aún te quejas!
Después sonaron unos tiros. Había que disimular.
—¡No te muevas Ramón o te asamos! —le dicen al chófer, manos arriba.
—Tú hecho un pendón como siempre. ¿Bragazas!
—Y dile a tu tío el falangista que se ande con cuidado o lo pasará mal.
—Y recuerdos a la Tomasa.
—Y a la Petra de Ponferrada. Le dices que sigo veraneando.
Mientras tanto los dos del Tercio manos en alto contemplan impasibles cómo los guerrilleros descargan el camión. Se llevan exactamente veinte fusiles y diez cajas de cartuchos.
—A los del puesto fronterizo les decís que no sean malos.
—Aquí tenéis las quince mil pesetas y cinco mil más de propina —murmuran disimuladamente uno de los del tercio. Y se las echan al bolsillo.
—¡Arre!
—¡Agur y hasta otra!
—¡Viva la Junta Suprema! ¡Hihíiii!... ¡Jujuyyyy...!
Arranca el camión. Baja luego por las largas cuestas a salir a la carretera general, camino del Bierzo.La niebla se disipa. El panorama parece que se va ensanchando.

21 marzo, 2016

Alfabeto cifrado

Sistema rudimentario de cifrado para intercambio de mensajes entre las distintas partidas guerrilleras gallegas. A cada letra le corresponde un número para crear mensajes numerados. El cifrado es de suponer que estaría disponible en todos los grupos. Este en concreto debió caer en manos de la Guardia Civil en alguna de las capturas de algún guerrillero.




14 enero, 2016

Foucellas Teatro


1952. Un Maquis, un guerrillero, un hombre de la montaña, uno de esos que la gente genéricamente denomina "Foucellas". Lo mismo podría ser Foucellas. O no. En una situación desesperada, con un socio como el único vestigio de lo que fue su partida, se compromete a su última acción: el robo, con secuestro incluido de un labrador acomodado, ex militante agraria, y su esposa. Un contexto límite, un tiempo terminal, en el que cuatro personajes perfilados y contrastados psicológicamente acaban entrando en un debate dinámico, a veces divertido, en el que conceptos como firmeza, utopía, resistencia, inercia, resignación, adaptabilidad, voluntad, destino... son las armas de una cruda batalla dialéctica entre la esperanza y la desesperación. Una ficción que especula sobre un momento histórico, pero también un motivo metafórico para reflexionar sobre un trance con el que, en mayor o menor medida, nos enfrentamos en nuestra vida: la administración de la derrota.