27 junio, 2010

Toma de Lorcha (Alicante) en septiembre de 1945

Lorcha en la actualidad


La creación de la Agrupación Guerrillera de Levante (A.G.L., más tarde también “de Aragón”) se efectuará en 1946 de una manera “oficial”, en una reunión de guerrilleros en el término de Camarena de la Sierra (Teruel), pero antes, durante 1945, ya la dirección del Comité Regional del PCE en Valencia está dando pasos decisivos para la disposición de las primeras líneas de acción de la AGL. La guerrilla urbana ya estaba funcionando en Valencia y se decide dar el salto al monte. «Pepito el gafas» (Francisco Corredor Serrano) es el líder del grupo que realiza en septiembre de 1945 la que será considerada como primera acción político-militar de la AGL como tal.

Armando Fuster Furió. «Luis» lo relató:
“Entonces, acompañados por un delegado que vino de Valencia, un delegado político-militar que vino a hacerse cargo del grupo que yo había organizado, llegamos a Gandía, a los alrededores de Gandía; estuvimos en la montaña de Villalonga y allí organizamos la toma de Lorcha, primer pueblo y primera operación d carácter verdaderamente político, y me parece que fue en septiembre de 1945, sí, entramos en Lorcha a las cuatro de la tarde, un grupo de diez, dos se quedaron en la estación, tres o cuatro rodearon el pueblo, y los otros entramos y fuimos directos a la casa del alcalde.

En casa del alcalde estaba su mujer; llamamos a la puerta, salió su mujer, íbamos bien vestidos y le dijimos que éramos de fiscalía de tasas, gentes del gobierno. La mujer nos dijo que su marido estaba en casa del cura y mandó a una sobrina de 14 o 15 años a buscarle y a decirle que venga. La calle estaba llena toda de gente, las mujeres estaban en la acera, ahí, pero cuando pasamos ellas no se dieron cuenta. Y cuando llegó el alcalde, cuando llegó allí corriendo, nosotros lo vimos de lejos y dijimos: “Ese que viene es”. Cuando llegó allí nos dio la mano, lo encañonamos y ni la mujer se dio cuenta. Había unas persianas de cañas allí, y lo cogimos y le dijimos: “Hale, con nosotros al ayuntamiento”. Nos lo llevamos detenido. Nos lo llevamos al centro del pueblo y todos los que venían acercándose al alcalde los deteníamos y los llevábamos con nosotros. Cuando llegamos al centro del pueblo, en casa del carnicero, en la gran plaza, lo encontramos allí, recogimos a los miembros del ayuntamiento, nos sentamos en la gran mesa del carnicero, e hicimos un parte de guerra y los obligamos a que nos firmaran el parte de guerra, como que rendían el pueblo al ejército de la República.
Entonces había el gobierno de Giral en el exilio, que apoyaba las guerrillas en España (es el único gobierno que ha valido un poquitín en toda esa época). Luego obligamos al alcalde a que nos acompañara a las casas que se habían enriquecido con el mercado negro, robando, y allí el alcalde abría en nombre de la autoridad: “¡Abran!”, todas las puertas estaban cerradas. Allí nos suministraron comida, ropa, alpargatas, lo que había, para el grupo que dijimos que éramos 50, pero no éramos más que diez y llevamos al alcalde por todo. Él mismo nos dio mil pesetas de ayuda que le había acabado de dar el cura y dijo: “Mira, acaba de dármelas el cura”, mil pesetas en aquel entonces era un capital. Entonces cuando todo esto ocurrió, pues la gente no se daba cuenta de lo que ocurría, pero cuando dimos un grito en la plaza y empezamos a repartir propaganda del gobierno de la República, del gobierno Giral, al grito de “¡Viva la República!”, entonces la gente empezó a correr, hasta ahora no se habían dado cuenta, era algo extraordinario; unos intentaban huir para afuera del pueblo, otros se escondían, las puertas se cerraban, la que estaba delante de teléfonos saltó, uno de nuestros camaradas entró dentro, había estado toda la tarde hablando con las mujeres, delante de la puerta de teléfonos; rompió teléfonos, telégrafos, cortó, era la misión que tenía. Los otros se habían quedado en la estación para impedir que nos cercaran o que tuvieran ayuda.

La gente que salía volvía a entrar corriendo, diciendo: “¡Está el pueblo cercado!, ¡está el pueblo cercado!” y había un rebombollo. Pero cuando vieron que no pasaba nada, la gente volvía otra vez, entonces abrían las puertas, y volvían porque nosotros hablábamos, un mitin dando explicaciones y entregamos la propaganda del gobierno de la República a toda esa gente. A las doce de la noche, sí, un poco antes vino la mujer del alcalde con un niño en brazos, se arrodilló delante de mí: “¡No lo maten, no lo maten!”, “¡Que no, mujer!”, no se había dado cuenta de que habíamos detenido al marido. Le dijimos que no, que no íbamos a matar a nadie. A las doce de la noche dimos pues la señal de retirada, un tiro en el aire; era el único tiro que tiramos y nos retiramos, pero nos llevamos al alcalde con nosotros, y cuando salimos a la montaña lo dejamos y le dijimos: “Hale, ya puede salir de allí”. Unos minutos después, aquello iba, todas las campanas llamaban a fuego, ya había vuelto el alcalde al pueblo. Tal, al día siguiente, los trenes venían cargados de guardias civiles.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuanto de cierto hay en todo lo aquí contado?

El Maquis dijo...

Todo ,o cierto que los investigadores e historiadores han podido confirmar.
Otra cosa es lo que cada uno quiera creer.

Anónimo dijo...

Esta historia aún se cuenta en el pueblo por los mayores.